08 17 2018
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El uso del Plural Incluyente; por qué es incorrecto decir “todos y todas”.

Por: Quiauitl Marquez Trujano

En esta nueva ola de lenguaje pseudoincluyente, y digo pseudoincluyente con justa razón, por algunas cuestiones que nada tienen que ver con la realidad que vivimos y en la que se ve reflejada una falsa ideología de inclusión. La idea de lo “incluyente” no es más que un eufemismo social en el que el mexicano intenta pertenecer pero que esconde una realidad más cruda, en donde se refleja justamente la falta de inclusión de los grupos menos favorecidos de la sociedad y que en el uso de la lengua ha provocado cambios poco favorecedores, pero que de cualquier manera ya no los podemos evitar. Existen y ya es tarde para que el grueso de la sociedad comprenda a profundidad los cambios que implica el uso de una sola letra en el plural del español.

En el año 2000, cuando Vicente Fox comenzó la campaña política que lo llevaría a la presidencia de México, utilizaba con frecuencia la frase “chiquillos y chiquillas”… ¿recuerdan?. ¿Cuál era la finalidad de hacer esta distinción? Hasta ese entonces recuerdo que cualquier discurso comenzaba con la frase: “damas y caballeros” o “buenas tardes tengan todos los presentes”, en ambos casos se entiende que el grupo de receptores del discurso se conformaba por hombres y mujeres, no había necesidad de hacer distinción de género; es precisamente en los comienzos de la campaña de Vicente Fox que se  pone de moda este lenguaje “incluyente”.

Dieciocho años después tenemos un escenario que ha provocado dos cosas; una que abarca el uso de la lengua y otra que abarca un contexto social. Con respecto a la lengua (que considero la menos importante porque a final de cuentas es un ente vivo en constante cambio, aunque no siempre sea el preferiblemente adecuado) ha provocado una confusión en el uso del plural.

El español es una lengua que tiene dos géneros que todos conocemos como masculino y femenino y que al hacerla plural se tiene que avocar a los orígenes de la palabra. Es complejo y largo de explicar el uso de cada palabra del español en cuanto a su origen; y cuanto más que el español es una lengua llena de excepciones a la regla. Por tanto le sugiero que si tiene alguna duda con respecto a la formulación de alguna palabra se remita a un diccionario, en donde seguro encontrará el uso correcto de la misma, esto dado que en algunos casos,  palabras como por ejemplo “La mano” con terminación “o” resulta ser de género femenino, y en otros casos tienen formas distintas como: Toro-Vaca, o cuando el sustantivo masculino termina en consonante se agrega una “a” y así tenemos el caso de: doctor-doctora; pero no así el caso de “arquitecto”, cuya correspondencia en femenino es: “La arquitecto”; y como estos casos existen muchos, por esta razón es que le pido encarecidamente a usted, amable lector que se ha tomado el tiempo de leer estas líneas hasta este punto (a sabiendas de que puede parecer un tema poco atractivo), se tome el tiempo de consultar un diccionario y utilizar el término en cuestión de manera pertinente.

Una vez aclarado el tema de la lengua, pasemos al contexto social, que es el que me ocupa, aunque no de mayor importancia, pero sí de mayor pertinencia y necesidad de esclarecer ciertos puntos de vista sociales.

El lenguaje incluyente lo he denominado “pseudo” por la razón de que, a decir de la distancia imaginaria que podría existir entre el género masculino y femenino, existen más variantes entre ambos, que si bien existe una diferencia entre condición sexual y preferencia sexual, es necesario mencionarlo como si se refiriese a la preferencia, porque en el discurso actual así es como se está desarrollando. Por esa razón es que me permito hacer la siguiente reflexión, que más que reflexión son dudas que he ido tratando de responderme y que espero a usted también le aporte, quizá no la respuesta, pero si otros puntos de referencia a tomar en cuenta en los que quizá también pueda enriquecer otros aspectos de la lengua en la sociedad.

Como se ha dicho, el uso de hacer una distinción entre lo masculino y lo femenino implica cierto reconocimiento social al género femenino, que en el discurso nunca antes había sido reconocido con tal magnitud, y dado que estamos en la era de la comunicación, rápidamente se adoptó esta forma de uso. La cuestión es que a las féminas no nos ha causado mayor comodidad social el ser reconocidas en el discurso; y supongo que a los “chiquillos y chiquillas” tampoco, porque en la realidad, la mujer mexicana sigue padeciendo las mismas inconformidades que hace 18 años: seguimos padeciendo las mismas vejaciones sociales y no hemos tenido ninguna ventaja social en este lapso de tiempo, no al menos que yo perciba ampliamente.

En el 2014 se instauró la paridad de género en el congreso federal, aunque en la realidad será la próxima legislatura 2018-2021 la primera que cumpla con este objetivo; sin embargo somos el país número 23 en la lista de países con mayor tasa de feminicidios a nivel mundial. Esto hablando sólo de la condición femenina, aún falta mencionar a la comunidad LGBT (y no sé cuántas tés mas) ¿Acaso no debería mencionarse también en el discurso a esta comunidad? Porque el objetivo es la inclusión… ¿no? Y si no se menciona, entonces ¿se excluyen?, Porqué en argentina se usa el modo: ¿“todos, todas y todes”? usando la “e” como para dar inclusión a esta comunidad… y ¿por qué seleccionaron la letra “e” y no la letra “i”? así podríamos utilizar el término “amigui”, que de cualquier manera ya se usa.

¿Acaso a usted no le parece más masculina la letra e que la i?

No me queda más que desearle felicis lecturis estimadi lectori (léase con el peculiar modismo que usted ya conoce).

Si usted gusta, puede revisar el siguiente vídeo en el que se ejemplifica el uso exagerado de este lenguaje incluyente:

 

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